El gobierno de la República salió avante del mayor reto político, diplomático, migratorio y comercial planteado por el país vecino del norte en muchas décadas.

Nuestro presidente, Andrés Manuel López Obrador, mantuvo un equilibrio eficaz entre apertura total al diálogo, firmeza y dignidad, hasta desactivar la amenaza.

Sin dejarse intimidar, siempre abogó por mantener la amistad entre los pueblos de Estados Unidos y México y porque los pueblos de América Central sean tratados con humanidad y de manera fraterna.

Nadie vio venir su jugada magistral de convocar a una manifestación masiva en Tijuana para llamar a la unidad de los mexicanos y apostar al diálogo de altura y la buena vecindad.

Fueron siete días de amenazas renovadas que fueron levantando un sentimiento de unidad nacional y de apoyo abrumadoramente mayoritario a la gestión de la crisis por el gobierno de México.

Ahora, tras de que el presidente Donald Trump dio marcha atrás a su intención de aplicar aranceles a las exportaciones mexicanas, el encuentro en Tijuana será de fiesta, una celebración de la dignidad y la esperanza.

Es previsible que las relaciones entre México y Estados Unidos serán objeto de fuertes presiones ahora y hasta noviembre del año próximo debido a la batalla electoral entre demócratas y republicanos y por la intención de Trump de lograr su reelección.

En ese contexto, México está obligado a acelerar el ritmo de la transformación de su vida pública. La Cuarta Transformación debe avanzar más rápido hacia el fortalecimiento del campo hasta lograr la soberanía alimentaria.

Es necesario impulsar con más fuerza el proceso de reindustrialización del país y la generación de empleos dignos, así como la aplicación de las medidas urgentes para resolver el problema de seguridad pública, medidas que ya están en marcha.

Los procesos de largo plazo de la relación cultural y económica entre México y Estados Unidos seguirán su curso, como ha sido a través de los siglos.

Pero ahora estarán moderados por el hecho de que nuestro país cuenta por fin con un proyecto de nación con horizontes democráticos y de beneficio a la población mayoritaria.

Un proyecto político que aspira a diversificar las relaciones entre México y el mundo y superar la historia de supeditación a una superpotencia.

El gobierno de la Cuarta Transformación es fiel a los principios de no intervención y respeto a la autodeterminación de los pueblos, así como a la divisa juarista: todo por el diálogo, nada por la fuerza.

¡Viva nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador!

¡Viva México!